Fotografía digital versus película

El avance en la técnica de relevado fotográfico durante el siglo XX, cambio dramáticamente la manera de concebir el concepto de fotografía. Al comienzo tomar una fotografía implicaba una tarea dispendiosa por cuanto exigía prácticamente que la persona a la que se iba a hacer la toma, permaneciera inmóvil durante un largo tiempo, mientras se registraba la imagen proyectada en la placa metálica. La invención de la película, redujo los tiempos, pero aun así, el riesgo de perdida de negativos por exposición o contacto con factores externos, hacía que un porcentaje de imágenes se perdían fuera alto.

El desarrollo de la tecnología de circuitos de estado solido como los microprocesadores, permitía simplificar el proceso haciendo que en pocos segundos todo el proceso estuviera completado. No sería sino hasta comienzos de la década de 2000, cuando las cámaras fotográficas digitales estarían al alcance de cualquier persona. Sin embargo entender este tipo de proceso es para muchas personas algo inexplicable y acaso, cuestión de magia.

En este sentido, un par de científicos Willard Boyle y George Smith, idearon una manera de simplificar y optimizar este intrincado proceso. Los científicos a fines de los años sesentas, consiguieron desarrollar el primer sensor CCD, elemento importante para el funcionamiento de las cámaras digitales. En pocas palabras, este dispositivo electrónico, capta la luz de la misma manera que lo hiciera en su tiempo la placa de metal del daguerrotipo o la película de celulosa de las cámaras de rollo, por medio de unos componentes fotosensibles celulares. Este descubrimiento, que en parte deriva de la teoría fotoeléctrica de Albert Einstein, les valió el premio Nobel de física a los dos científicos.

Este impresionante avance ha conseguido que hoy en día no solamente puedan fotografiarse con gran calidad cualquier tipo de objetos, aun en ausencia de luz por medio de flash. La capacidad de los componentes electrónicos hacen que en una simple cámara puedan tomarse varias fotografías apenas ocupando un espacio reducido en la memoria extraíble de una cámara o un teléfono celular.

El avance de las lentes cada vez más sofisticadas, la facilidad para manipular fotografías por medio de programas y el auge de la tecnología de Internet, hacen que en cualquier momento sea posible tomar una foto que puede ser impresa de inmediato o compartida con millones de personas a través del correo electrónico o una red social. Puede decirse que la fotografía en nuestro tiempo ha sufrido una revolución absoluta, haciéndose cada vez más democrática.

La fotografía y la muerte en el siglo XIX

La fotografía y la muerte en el siglo XIX

Luego de la invención del daguerrotipo a mediados del siglo XIX, algunos artistas cesantes se vieron interesados en poder hacer su trabajo con el nuevo prodigio de la técnica. El retrato estaba en su época dorada y varios pintores de oficio hacían buen dinero plasmando los perfiles de sus patrones en sendos lienzos, que los burgueses mecenas de las artes colgaban en sus lujosos salones, para darse un baño de popularidad y sostener su estatus de poder más que por amor al arte.
Hasta el siglo XIX y su floreciente emporio de revoluciones en la industria, la relación que había entre el artista y la muerte se circunscribía a la pintura o las mascarillas mortuorias. Este antiguo arte heredado de Egipto, Grecia y sobre todo Roma, pretendía registrar las facciones y los últimos momentos de un ciudadano por lo general principal de los círculos sociales de mayor influencia. Se preparaba un poco de yeso y se ponía una tela sobre el rostro del fallecido. Enseguida se vertía el líquido y se dejaba fraguar. Se tenía de esta forma una instantánea del ser amado que se ponía en el panteón familiar para ver su postrer rostro a toda hora.
Al revelarse el avance y realismo que la técnica de la fotografía entrañaba, muchos artistas con alma de comerciantes vieron una oportunidad de hacer una pequeña fortuna. Entonces se dieron a la tarea de aprender la misteriosa alquimia consistente en convertir la luz en imágenes. El memento mori, una vieja frase dicha a oídos del emperador en el momento de su coronación, «recuerda eres mortal», fue tomada para el nuevo género que maridaba el arte con la muerte.
El procedimiento que resultaba bastante costoso para los dolientes, consistía en llevar al retratista junto con toda su maquinaria al domicilio, para proceder a hacer allí su toma. En general eran mujeres jóvenes o niños los favoritos para hacer el registro, dada la triste circunstancia de hacer sido arrebatado por el reino de Tánatos, el brillo y la belleza de la vida esfumada en un instante, y solo recuperada por obra y gracia de la técnica.
Para aquellos tiempos se hizo bastante popular en Europa y algunos países de América como Perú, fotografiar al difunto entre profusión de coronas florales en su féretro, o vestido, maquillado y acomodado en un sillón junto a sus padres como era usual en los niños y bebés recién nacidos y muertos. Puede parecer una práctica desagradable hoy en día, pero no deja de ser ni menos cruda que una fotografía para una crónica judicial o que la contemplación serena de un muerto en un velorio.

Práctica de la retratística fotográfica

Luego de que la fotografía hubiera alcanzado su desarrollo como arte y técnica, a mediados del siglo XIX y comienzos del XX, empieza  a usarse en forma de expresión artística. La naciente clase burguesa, enriquecida por el avance imparable de la Revolución Industrial en Inglaterra, que poco a poco fue expandiéndose por Europa, en Francia donde nació y avanzó el nuevo arte de la fotografía, empezó a hacerse muy común la práctica de la retratística fotográfica.

Los pocos expertos en la nueva técnica de pintar con la luz, vieron crecer su negocio con prosperidad. Ya que nadie sabía de qué forma se lograba el prodigio, estos pioneros en el retrato, acudían a las residencias de los grandes señores burgueses, industriales, comerciantes, artistas, etc. El costo era lo suficientemente elevado para que el oficio de daguerrotipista se convirtiera en rentable. Así por toda Francia, Europa y años después en América, esta nueva clase social empezó a emerger.

Es posible hallar gracias a la magia de la Internet, archivos fotográficos de la primera mitad del siglo XIX, de personajes tan relevantes como Napoleón III, Honorato de Balzac, Frederic Chopin, Hector Berlioz, la reina Victoria de Inglaterra, Richard Wagner, Robert y Clara Schumann, Victor Hugo, Alexandre Dumas hijo, entre una larga galería de personalidades. Era un símbolo del estatus de poder y de importancia social de alguien, para costearse un daguerrotipo.

También principió a hacerse común la costumbre de fotografiar a los parientes muertos, en especial niños y jóvenes. La expectativa de vida por aquellos tiempos no sobrepasaba, por mucho, los sesenta o setenta años. Por esta razón un nuevo género conocido como Memento Mori, o fotografía mortuoria, cuyo nombre latino quiere refiere el viejo adagio, que durante las coronaciones de los emperadores en la antigua Roma se susurraba a su oído para que moderaran su arrogancia: «recuerda que eres mortal».

Esta técnica de retratar los muertos, generalmente en la residencia familiar, en la que se llevaban las ceremonias fúnebres, era bastante rentable, además que el modelo facilitaba el trabajo del fotógrafo. Existe un gran acervo de fotos de aquella época que nos muestran como la fotografía influencio de forma sustancial la manera de hacer en los ritos fúnebres.

Con la entrada del siglo XX, la costumbre de retratar los muertos cayó en desuso poco a poco, pues en la nueva semiótica de la imagen de las sociedades sofisticadas, se considera de mal gusto esta práctica fúnebre.

La fotografía, el arte de plasmar el tiempo

La fotografía, el arte de plasmar el tiempo

 

Desde un pasado remoto que se pierde en la noche de los tiempos, el hombre ha querido plasmar el Tiempo. Ha creado mecanismos como el arte pictórico, para representar esa fuerza misteriosa. Con el avance de la técnica por fin consiguió hacerlo en el siglo XIX, en plena etapa floreciente de la revolución industrial. En Francia, Louis Daguerre comenzó a realizar experimentos con la cámara oscura, instrumento que ya era bien conocido por los maestros renacentistas, hasta que en 1839 y en asocio con Joseph Nicephore Niepce, perfeccionó el prototipo de lo que se conocería como daguerrotipo. Esta invención técnica, consistente en el registro de imágenes sobre placas de metal por medio de vapores. Sin embargo, con el daguerrotipo no era posible hacer copias, pues el registro solo permitía hacerlo con una única imagen.

El avance de las técnicas llevó a finales del siglo XIX al desarrollo de la fotografía en un nivel mucho más técnico, pudiendo hacer copias de un original y masificando la nueva tecnología. Como si fuera una metáfora poética del mito de la caverna de Platón, la fotografía pretende ser un reflejo de las imágenes del mundo. Todo arte al principio tantea alrededor de lo que quiere decir. Las primeras imágenes que se plasmaron en el invento de Daguerre, fueron postales cotidianas de la ciudad: caminantes espontáneos, calles iluminadas por el sol de verano. El mundo oscilaba entre el blanco, el negro y algunos tonos de gris.

Esta invención de la técnica, revolucionó de una manera dramática el mundo del comercio. Con una floreciente clase burguesa en acenso constante, la fotografía se impuso como una manera de establecer el estatus de gentes de poder. Poco a poco los retratos con la luz, se fueron imponiendo, ganando su lugar en contra de las pinturas, pues la fotografía, a la vez que era una muestra de las bondades de la razón y el control de la naturaleza por medio de la técnica, era un arte que expresaba los anhelos de un tiempo y una sociedad.

Tendría que pasar mucho tiempo para que al fin esta tecnología pudiera llegar sin intermediarios al hombre de a pie. Hoy en día que tenemos la posibilidad de tener en nuestras manos un aparato que registre nuestro entorno, incluso de poder manipularlo a nuestro antojo. Parece una cuestión elemental, incluso para un escolar, preguntarse sobre la naturaleza y los métodos para producir una fotografía, pues es tan natural a nuestros ojos como la luz del sol. Pero la historia y sobre todo el arte, ya no sería el mismo a partir de ella.