Robert Doisneau

Robert Doisneau's Nacido en 1912 en Gentilly, cerca a París, Robert Doisneau fue uno de los fotógrafos más importantes de la historia. Vivió en la capital francesa durante muchos años, que le sirvieron para tomar el pulso de una urbe cosmopolita, moderna y abierta a todas las culturas. Doisneau habita en un departamento de Montrouge desde 1937. Estudia tipografía en la Ecole Estienne de París lo que le da la primera aproximación a los oficios del arte. Abre al fin su primer estudio donde comienza a trabajar entre 1929 y 1930. Estos son los primeros esbozos del que será un fotógrafo fundamental para el siglo XX.

robert-doisneau1Un hecho determinante para la carrera y el pensamiento de Doisneau es cuando conoce al artista y fotógrafo André Vigneau quien le presenta personajes de la talla de Man Ray que le hacen tomar otro rumbo a su fotografía. Su estilo comienza a abrirse más a la ciudad y la fotografía con personas. En 1932 consigue ser publicado en el prestigioso diario L`Excelsior. Contrae matrimonio y empieza a descubrir el mundo de los trabajadores y obreros de las fábricas como Renault, donde trabaja como fotógrafo. Sin embargo, estalla la Segunda Guerra Mundial y Francia resulta afectada.

largehellJustamente será en las filas de la resistencia francesa que Doisneau se enlistará como soldado voluntario hasta el año 1940. Traba relación con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa con quienes aprende a tener una nueva visión en su trabajo en la agencia ADEP. Su concepción estética y técnica de la fotografía dará un giro radical, justo cuando ocurre la liberación aliada de París. Posterior a la liberación de París, Doisneau consigue una de las más humanas y representativas fotografías que representan su maestría como fotógrafo y expresan los sentimientos que se comparten universalmente y de manera atemporal: la famosa escena de un par de enamorados que se dan un largo beso, titulada “Le baiser de l’Hôtel de Ville”.

Robert Doisneau 5Es mencionado por muchos críticos como el pionero de la reportería gráfica, renovando el estilo, dando a cada fotografía un sentido profundamente humano sin perder el rigor en la expresión de la realidad concreta. Al final de su vida, a principios de 2012, recordaba sus inicios en la París de principios de siglo: “Nunca podrán imaginarse mis colegas jóvenes, el menosprecio del que éramos víctimas quienes nos dedicábamos a la fotografía. Nunca fui partidario de los uniformes: llevaba la barba descuidada, no usaba chaqueta de terciopelo, ni sombrero de ala ancha”.