Práctica de la retratística fotográfica

Luego de que la fotografía hubiera alcanzado su desarrollo como arte y técnica, a mediados del siglo XIX y comienzos del XX, empieza  a usarse en forma de expresión artística. La naciente clase burguesa, enriquecida por el avance imparable de la Revolución Industrial en Inglaterra, que poco a poco fue expandiéndose por Europa, en Francia donde nació y avanzó el nuevo arte de la fotografía, empezó a hacerse muy común la práctica de la retratística fotográfica.

Los pocos expertos en la nueva técnica de pintar con la luz, vieron crecer su negocio con prosperidad. Ya que nadie sabía de qué forma se lograba el prodigio, estos pioneros en el retrato, acudían a las residencias de los grandes señores burgueses, industriales, comerciantes, artistas, etc. El costo era lo suficientemente elevado para que el oficio de daguerrotipista se convirtiera en rentable. Así por toda Francia, Europa y años después en América, esta nueva clase social empezó a emerger.

Es posible hallar gracias a la magia de la Internet, archivos fotográficos de la primera mitad del siglo XIX, de personajes tan relevantes como Napoleón III, Honorato de Balzac, Frederic Chopin, Hector Berlioz, la reina Victoria de Inglaterra, Richard Wagner, Robert y Clara Schumann, Victor Hugo, Alexandre Dumas hijo, entre una larga galería de personalidades. Era un símbolo del estatus de poder y de importancia social de alguien, para costearse un daguerrotipo.

También principió a hacerse común la costumbre de fotografiar a los parientes muertos, en especial niños y jóvenes. La expectativa de vida por aquellos tiempos no sobrepasaba, por mucho, los sesenta o setenta años. Por esta razón un nuevo género conocido como Memento Mori, o fotografía mortuoria, cuyo nombre latino quiere refiere el viejo adagio, que durante las coronaciones de los emperadores en la antigua Roma se susurraba a su oído para que moderaran su arrogancia: «recuerda que eres mortal».

Esta técnica de retratar los muertos, generalmente en la residencia familiar, en la que se llevaban las ceremonias fúnebres, era bastante rentable, además que el modelo facilitaba el trabajo del fotógrafo. Existe un gran acervo de fotos de aquella época que nos muestran como la fotografía influencio de forma sustancial la manera de hacer en los ritos fúnebres.

Con la entrada del siglo XX, la costumbre de retratar los muertos cayó en desuso poco a poco, pues en la nueva semiótica de la imagen de las sociedades sofisticadas, se considera de mal gusto esta práctica fúnebre.