La fotografía de Leo Matiz

Dentro de los nombres importantes de la reportería grafica en Colombia en el sigloXX, el nombre de Leo Matiz, tiene un lugar de gran relevancia. En la primera mitad del mencionado siglo, uno de los verdaderos renovadores de la fotografía en Latinoamérica fue Leo Matiz. En 1917, en Rincón Guapo una aldea remota del mismo lugar que le daría gloria a Colombia, en Aracataca, Magdalena, tierra del Nobel de literatura Gabriel García Márquez, nace en medio de un paisaje de exhuberancia barroca y natural. Ya adolescente, se traslada a la capital de Colombia donde empezará a hacer diferentes trabajos para diferentes diarios., entre ellos El Tiempo.

Matiz-Palm_HatsDentro de los diferentes personajes con los que traba amistad, Matiz conoce a diferentes intelectuales que frecuentaban los cafés bogotanos. El director del diario El Tiempo, Enrique Santos Montejo “Calibán”, destina a Matiz como reportero gráfico. Armado con su cámara Rolleiflex, Matiz comienza a capturar, en parte, de la mano del azar, los diferentes personajes y escenas que harían único su estilo como fotógrafo en las duras lides de la reportería gráfica.

Perfeccionándose constantemente en cada uno de sus trabajos, Matiz realiza diferentes viajes por diferentes países, captando imágenes al vuelo, trabajando en diferentes ramas del arte fotográfico; realiza exposiciones en su propia galería de arte, donde exhibirá por primera vez al afamado pintor Fernando Botero, trabaja en fotografía publicitaria, en realizaciones de fotofija para el cine, entre otros trabajos. Durante sus viajes por Medio Oriente, Centroamérica y el Caribe, Matiz siguiendo el precepto de uno de sus maestros, Henri Cartier Bresson de enfocar la captura del instante perfecto en un “momento decisivo”. Una tarea del fotógrafo según la entendía Matiz, debe ser el poder capturar un fragmento de una vida perfecto en medio de la vertiginosa rapidez de lo cotidiano.

Matz_SeaPeacock

Justamente en 1944 durante la liberación de París por las tropas aliadas, Matiz consiguió capturar las distintas imágenes de una jornada jubilosa, de ambrosía colectiva por la celebración del triunfo de la democracia sobre la tiranía y la muerte, con que los nazis habían sometido a la Europa durante trece años. En la París liberada que Matiz recorre, consigue retener con su lente el sentimiento de catarsis que los franceses, tras varios años de estar presos en su propio país, manifiestan en su agitada vida nocturna, capturando la memoria de la fragilidad de lo que el tiempo destruye  a cada momento.